•22 enero 2018 • Dejar un comentario

Aquí estoy, tras un año de soñar y distraerme, vuelvo a empezar.

Cambié de coche, soy mejor y no deseo parar, pero regreso a este lienzo que me permite verme una vez más, qué soy y lo que amo.

Y la fuerza me compaña, y me asusta el futuro sin prisa ni carreras, sin mar y sin playa. Tan sólo solo un año más por recorrer.

Saludos amigos y nos leeremos pronto.

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07-02-17

•6 febrero 2017 • Dejar un comentario

Y si decidiera detenerme por un instante, pensar, volver? jamás.

Sólo así podría seguir creando, divirtiéndome, soñando.

He regresado, una vez más.

saludos…

•26 agosto 2014 • Dejar un comentario

Caminos y calles mal construidas me han estado acompañando estos días de tristeza social, de compartir con nadie una cerveza porque no me nace invitar. Y es que después de tanto insistir uno deviene en seco, pálido y huérfano entre amigos. Y yo se que alguno estará por ahí esperando mi llamada, con esa salidilla recurrente de que “justamente eso mismo te iba yo a decir”. Pero es tarde, quizá la mejor oferta depende actualmente de regresar un libro que secuestré hace al menos 5 años. Lo leí 2 veces, la tercera no me gustó y está ahí, a la espera de reencontrarse con su dueño como yo con aquel flaco fumador, renegante de su profesión y apasionado de las letras que un día leeré en italiano.

Saludos amigos, saben que el menos por acá los espero.

El salón de las plegarias

•3 agosto 2013 • Dejar un comentario

     Bajo su brazo llevaba aquel libro que tanto evitaba, haciendo una suerte de combinación entre la pasta amarillenta y deshilachada y las franjas color paja de su abrigo. Una vez más como cada mañana, Aurora recitaba de memoria dos padres nuestros y un avemaría sin fervor ni corazón, antes de que las novicias del claustro le recordaban que debía reportarse en el salón de las plegarias donde faltaba a menudo.

Aquel salón fue años atrás, la capilla donde se celebraban oficios rituales de incorporación y sanaciones, por eso, cada vez que le tocaba trapear esos pasillos largos y regulares, con bancas de madera que resguardaban ecos cacofónicos; aseguraba que en su mente le gritaba el sufrimiento, que sola no se encontraba en aquel tétrico lugar, y una vez más, entre jabón y trapeadores, imploraba a los santos de los viacrucis que la dejaran de observar, y aterrorizada huía hasta el taller de servicio, donde entre aserrín y madera podrida, se escondía por horas a esperar la tarde y regresar a su habitación. Día por medio regresaba el pánico a su cabeza, a las sombras tras las imágenes y los escalofríos que le erizaban la piel.

    Una de aquellas horrorosas tardes Paco, el gato pardo de la Madre Alejandrina, había estado asechando por horas a las ratas que pululaban entre las columnas huecas de la  capilla, y cansado, tras haber desgarrado las tripas de algunas de ellas, se acostó en la pileta bautismal de porcelana. Aquella tenía una gama de colores de abandono y suciedad que la hacían parecer más bien una mesa de sacrificios y por ella Aurora siempre la rodeaba y evitaba mirar en su interior por miedo a que alguna criatura olvidada en una ceremonia se encontrara momificada en su interior; más sin embargo, ese día la madre superiora le encomendó a Aurora limpiar la pileta, y en medio de la lluvia y los relámpagos que iluminaban los vitrales tristes de la edificación, saltó el gato pardo, gordo y cimarrón, desde los  mismos infiernos y le robó la tranquilidad por al menos 2 meses, convencida de que fue algo más que un gato lo que aruño su cara, su cuello y la parte interna de los muslos.

-Un gato ha sido- replicó muy enfadada doña Cristin, la madre superiora del claustro, -y ahora mismo, te me vas a callar y a dormir por infame y traidora-.

calla

•18 abril 2013 • Dejar un comentario

Calla, que tus respiros armonizan con este paisaje,

calla, que tu compañía dice más que tu boca roja,

calla, que mientras hablas se me escapan los segundos de las manos,

calla, que si hablas no me puedes besar.

hace ya mucho tiempo, que la tragedia llegó…

•25 septiembre 2012 • Dejar un comentario

Hoy, más que ayer, me cuento entre la gente como único en contra vía, como cuando el mar te arrastra y sientes el temor irremediable de que la tragedia cerca está de ocurrir. Sin embargo, esa tragedia ha venido ocurriendo día trás día, con la complacencia de todos los dioses, quienes mudos e impotentes, permitieron a los humanos crearles y olvidarles, y de paso, ejecutar las esperanzas de los soñadores.

Hoy, nadie está por nadie en el triste calvario de la realidad, donde la mezquindad y el egoísmo se amotinan como tesoros materiales. Ayer mismo, a la hora del desayuno, el dueño de un local me pidió que no diera comida a unos indigentes en ese sitio, porque le ensuciaban su fachada, pero olvida que por la noche, ese lugar es la residencia de estos desdichados, que por alcohol, drogas, o simplemente falta de oportunidades, pernoctan diariamente tras los edificios del primer circuito judicial.

Este mundo está podrido, pero algunos siempre encontramos diamantes entre tanta basura, patrocinar un niño, adoptar una mascota callejera, vivir sin meterse en la vida de los demás, son tesoros que floresen en este valle de lágrimas.

Círculo

•6 septiembre 2012 • Dejar un comentario

Y a veces , me siento con unas tijeras en mis gradas,
a rasgar recuerdos en figuritas de papel, y con una pluma negra,
derramo tinta sobre él y le pinto caritas al pasado.

Y a veces, ya no soy yo ni soy otro.
Y me levanto y camino, y duermo y sueño, y de nuevo;
soy yo.

Y a veces me alegro y lloro y busco en mis apuntes del pasado
una playa donde descansar, donde relajar los músculos, la cara, las manos
y solamente flotar.

Porque padecemos circuitos que inician y se agotan,
y vuelven a empezar con una sonrisa y se apagan con un buenas noches,
tal vez te llame, y no te vuelva a ver, mi yo.